Estar aquí, estar allá. Siempre, siempre, un poco con el alma partida, sin acabar de entender del todo, ni esto, ni aquello. Con amor y amores en todos lados, con réplicas y pretensiones, en cada tierra. Con esperanzas y enojos, un poco por esto, un poco por lo otro. Un pie del pensamiento en el agua, otro en el fuego. Dando las gracias, por haber estado, y haber sido y haber visto, y poder estar, y ser y ver. Esperando poder seguir yendo y viniendo, por amor, porque sí, porque no se puede hacer otra cosa. Aunque nunca acabemos de entender, por qué nos quisimos ir, por qué no queremos o podemos volver.
El ombú enredado con el Mediterráneo, la nieve con la arena de Piriápolis. Los bares del "under" de nuestras noches de antaño (y las tertulias de aquel Montevideo rebelde y noventero), enlazados con las tardecitas en catalán, en el parque de una pequeña ciudad con sus escolares como los de todas partes, pero sin moña azul. Nuestra juventud, a boca jarro, cuando íbamos con mucho pelo, mucho blues y mucho lápiz negro en los ojos de aquel lado del ancho mar. Los primero intentos, los primeros trabajos, los desvelos de estudiante, que se diluyen en el realismo aplastante del curso de la vida, con la gracia de la calma y alguna perspectiva que dan las canas.
Todo aquello de allá, entreverado en el pecho con nuestro hacernos maduros y padres aquí, bajo el zumbido de las europas, que nos da de comer. El árbol de tilo que nos calmaba la tos, los jacarandás de Carrasco, las sierras, y palmares y olas con espuma salada de Rocha, que se nos cruzan ante los ojos con los senderos de montaña, el gentío multilingue, y los preciosos peces de las calas casi sin olas de este lado del mundo. Cada uno con su belleza, cada uno que muerde y besa en lados distintos, o en el mismo lado. El asado, y la fideuá con alioli ! A veces gana uno, a veces gana el otro. Las luchas en cada sitio, y las de uno consigo mismo, y de uno con el mundo, en cualquier lugar y hora. Cada cosa con su olor.
Pero siempre, siempre y por suerte, están las sonrisas, están las cometas, y todas las cartas. Y están los nuevos desconocidos y los pueblos viejos. Los columpios, los corazones, y los silencios de cualquier momento. De todas partes... Porque en todas partes estoy, casi sin querer y queriendo. Con o sin fotografías. Siempre esperando saber eso que siempre se escapa. Sin dejar de anhelar, bienestar y justicia para los de todas las esquinas del camino que vamos recorriendo torpemente. Con nuestro pasito chueco, y voluntarioso, buscando, buscando y repartiendo mal o bien, lo que sea que llevan nuestros bolsillos de dentro.
Buscando el hilo que nos de alguna pista sobre el final de la historia.
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