Hay ocasiones en que
uno mira a los niños, en general, haciendo de las suyas, jugando, hablando, lo
que se dé en el momento. Y ahí es cuando nos
puede puede suceder que pasemos por alguna de estas tres
actitudes que enumeraré básicamente:
Una: tienes un momento
romántico y te emocionas ante la energía, la alegría y la curiosidad casi
inagotables que suelen tener los chiquillos, aun cuando se meten en problemas.
Dos: tienes un momento
de adulto ocupado en sí mismo y sus cosas de adulto, seas padre o no, y el
asunto lo ves como de lejos, como si no fuera contigo y si acaso lo contemplas
como parte inevitable de la vida con la que hay que convivir.
O tres: te da por
verle el lado más "profundo" (hay quienes dirían que retorcido,
tal vez) de todo lo que conlleva para los adultos tener descendencia
y para los niños, ser niños.
Cuando te encuentras en
esta última sintonía que menciono, sucede que contemplas queriendo o sin
querer, con mas detalle, todo lo que hay en ese su pequeño mundo. Un
pequeño mundo que en más de una ocasión no es menos complejo y
exigente para ellos, como lo es el que los adultos nos hemos montado,
según se mire, para nosotros mismos. Cuando suceden a la vez las tres variables
arriba mencionadas, las emociones de uno son tan contradictorias y a la vez tan
intensas, que si encima eres padre, al menos por un momento al día, al mes o
cuando te toque, tienes una especie de visión de la vida más allá de lo
inmediato. Parecería que por un momento quisieras ser más lúcido, mas honesto,
más digno del papel delicado que te toca hacer como padre y miras con
intención. Puede que solo quedes en el intento, y que realmente no logres más
que estresarte y lograr un poquito de conciencia con suerte, pero al menos es un
comienzo. No se puede decir que sea una mala opción a la larga, el pasar por
ese trance al menos de vez en cuando.
Cuando miras, mas
atentamente que de costumbre, lo que ves, aun dentro de tus limitaciones, puede
inquietar. Puede que te inquietes a secas, o te fascines, o ambas cosas,
incluso que quieras salir corriendo. Depende de cada persona. Y del momento en
que te encuentres, tanto a nivel vital, como de tu agenda diaria.
Yo oscilo y no tengo
por qué negarlo, entre las tres opciones mencionadas, aunque
mentalmente en este momento de mi vida, casi no puedo permitirme eso de la
indiferencia. Intento relativizar y lograr esa cómoda y útil indiferencia de vez en cuando, pero me
dura poco y me sale mal. No digo que me vaya mejor ni eficientemente en la
vida, solo que no puedo evitar querer ver más allá, incidir en mis defectos
para cuidar mejor a mi hija y observar lo que nos rodea como una leona en
guardia. Exageración, tal vez. Pero ahí
está la pulsión, y supongo que no es de las peores. Hace tiempo que tiré la toalla de intentar
incidir en el entorno, pero eso no quita lo primero. La verdad es que
personalmente vivo entre una mezcla de amor ferviente, agotador, primario y
metafísico a la vez, y la inquietud y la fascinación permanentes de lo que es
ser madre, ver crecer un ser nuevo que
surgió de tí con la llave de la vida a cuestas. Asumo que parece algo loco
dicho así, pero soy sincera. No hay pretensión alguna en esa sintonía que me
ataca de vez en cuando, salvo esto que digo, la pretensión de hacer de madre, de la mejor manera a mi alcance.
Serlo, y hacerlo bien, no es algo que se enseñe en las escuelas, ni sobre lo
que realmente haya criterios ni patrones uniformes, más allá de todo. Lo cual
lo hace aun mas complicado. Seguro que no equivocamos una y otra vez, pero al menos la mayoría de
los padres, lo intentamos. Meditar, observar, no está mal. Pero si nos obsesionamos, podemos perder eficiencia, practicidad, y otra vez arriesgarnos a no dar las herrramientas adecuadas, útiles y actuales a nuestros hijos, para lidiar con el día a día.
A lo mejor alguien se
identifica con mis palabras, no lo sé. Mirando, observando con
intensidad, aún cuando no me apetece y no puedo evitarlo, cansa. Y como decía
produce inquietud. Pero también te permite disfrutar de momentos de
intensa felicidad, y soportar el cansancio que tantas veces
sobreviene a la mayoría de las personas con progenie (por qué
negarlo). Hay ocasiones en que se puede sentir incluso miedo.
Personalmente, por un instante admito que puedo sentir un poco de
miedo de no ser suficiente para formar y hacer fuerte, y segura de sí
misma, a mi propia cría. Y ayudarla a que, como agregado,
siga siendo buena persona en el futuro, sin dejar de ser fuerte y segura.
Esa intención puede marearte a veces, porque el entorno y nuestras propias
mochilas de experiencias vitales no ayudan, no todo el tiempo al menos, para
realizar esa tarea de forma fácil.
Cuando miras bien, si
eres de los críticos con el mundo humano contemporáneo como suelo serlo yo
(advertidos están los que lean mi blog y/o me conocen), puedes ver que en el
mundo de las relaciones sociales, y de los juegos y pasos vitales
de nuestros niños, están las semillas de todo lo bueno, pero también de algo de
lo malo que sí hay, como ya hemos comentado, en nuestras sociedades. Y eso
puede inquietar, porque damos por sentado que así tiene que ser. Que, de
forma encadenada nosotros los definimos a ellos, inevitablemente y ellos
definirán su vida según nuestro mismo patrón. Se da por sentado que somos
los adultos como somos, en base a que la infancia es como es y que esa
infancia, repetida siglo tras siglo, milenio tras
milenio con sus
variantes de época y lugar, es también inevitable y que ambas se redefinen
entre sí, una y otra vez.
¿Por qué vivimos,
incluso los que no somos religiosos, inmersos en ese patrón de supuesta
inevitabilidad? ¿Y por qué si algo queremos que cambie o mejore, lo reducimos
siempre a política y economía y nos planteamos dirigir los cambios desde allí,
al menos casi siempre?
Han habido grandes
pensadores, docentes, visionarios, etc., que han intentado sin embargo plantar
la semilla de algún cambio desde que las personas comienzan a crecer y lo
han hecho con método y fundamento. Cada uno en su estilo, cada uno con su
cuota de éxito y fracaso y casi todos han sido absorbidos o ignorados por la
sociedad que continuó luego. También lo han intentado locos
manipuladores cuyas visiones vale mejor olvidar, pienso yo. Pero y ahora,
ahora mismo, qué pasa? Si nos ponemos paranoicos, algo maquiavélicos y a lo
mejor menos ingenuos de lo que solemos ser todos a diario, también habrán (o no?), algunos teóricos de como debe ser formada y orientada la sociedad
actual. Teóricos que asesoran aquí y allá, que conferencian, enseñan o y que inciden de alguna manera desde la sombra, en algunos momentos claves de la
formación e integración del individuo. Haciendo uso de sus teorías, su influencia, sus
técnicas mas o menos inéditas, a veces orquestadas con buena intención y otras ,con toda la intención de manipular la base de las sociedades a favor de algunos.
Pero, en este momento,
en las sociedades que se llaman a sí misma "occidentales", ¿cuál
es "la luz que ilumina nuestro camino", siendo
sarcásticos? A nivel accesible, evidente, y diario: ¿cuál es realmente el hilo conductor que subyace en el
sistema todo de educación formal, informal, laboral y de todo aquello que
influye en el individuo para que haga o deje de hacer? Si es que lo hay, claro está. ¿Es la búsqueda de la
convivencia pacífica entre los seres con distintos legados culturales o éticos?
¿Es la búsqueda del confort esencial para TODOS? ¿Es el cuidado de nuestro
entorno para mantener así su salud y la nuestra? ¿Es el anhelo por un mundo
justo y equilibrado, tal vez?
¿O nos formarnos para
que la mayoría trabaje si es afortunado y esforzado, y calle y pretenda
poco, divirtiéndose algo de vez en cuando, y que haga todo eso mas o
menos en paz, pero sin cuestionarse mucho sobre casi nada? ¿O nos formamos
para vivir sin tiempo, para competir uno contra el otro mientras
"corremos", para no ver ni atrás ni adelante ni a los
costados con profundidad, y para no ver ni tan siquiera a nuestra progenie en
profundidad?
Antaño lo haríamos, lo
de competir e incluso matar, por cazar la mejor pieza, o encontrar la
zona más fértil, la fuente de agua potable más próxima y la pareja mas
fértil y eso, quizás tenía algún tipo de sentido al menos en este planeta y
para nuestra raza. No sé si eso sigue teniendo sentido.
Y vuelvo ahora a la inquietud que me hizo comenzar este texto... Todos queremos creer que tiene
sentido que nuestros hijos, nuestros niños, sean combativos, competitivos,
agresivos incluso. Porque si cuestionáramos eso, nos estaríamos cuestionando
otro tanto a nosotros mismos, como somos y como fuimos, como nos formamos a
nuestra vez cuando éramos niños. Y eso ya es demasiado para nuestros corazones
y cerebros, ya de por sí, extenuados por el día a día. Incluso en el
mejor de los casos (de individuos con un grado de confort básico o incluso
óptimo), la energía que gastamos en "correr", no es tanta como
para que nos quede un resto que nos permita contemplar críticamente la vida que
vivimos. La gastamos en sobrevivir, para divertirnos, para consumir, y volver
a trabajar y formarnos para correr más y consumir mas y hacer como que nos
divertimos un poco mas. Y es viviendo así, que se nos quedan por el
camino demasiadas variables y todos acabamos haciendo como
que no pasan las cosas que todos sabemos que pasan y que, a mas de uno
- como digo en otros artículos -, nos inquietan. Inconcientemente, o muy
concientemente, pero nos inquietan y mucho. Como a mí, personalmente, me
inquieta ver, a través de mi propia autocrítica y a través del mayor amor y
tolerancias posibles, ver a mi propia hija, o a sus amiguitos, o a otros
niños que no conozco y contemplo casualmente, o a los niños que reflejan los
cuentos, las películas, los video-juegos,incluso la publicidad. Por que no acabo de
ver cual es la meta que anhelamos para ellos, repito, más allá del confort
diario a base de competir y de supervivencia del más fuerte, el más
indiferente, o el mas deprecativo, o el más... Seguimos trasladando a los niños ese modelo reptiliano ( por aquello del cerebro reptiliano, núcleo de nuestro desarrollo cerebral), como sino hubieramos aprendido nada en millones de años. El mas duro, el mas bestia, el mas agresivo, el mas desaprensivo, directa o indirectamente acaba siendo casi siempre el mas admirado, el mas envidiado, el paradigma del éxito, del camino a seguir, el esterotipo mas lúcido, mencionado, y encumbrado. Y casi siempre, es el sinónimo del éxito, social o económico o ambas, gracias a esos temibles méritos. Y eso se nos escapa, señoras y señores, de las manos. Antes o después. No queremos vernos, reconocernos ! Pero luego nos preguntamos " que le pasa a la juventud", o por qué pasa lo que pasa, en la política, en la guerra, en cada pueblo, en cada casa. Y así también en los colegios, y en los parques de nuestras sociedades (supuestamente de las mas organizadas, lúcidas y civilizadas de este planeta). Es casi un misterio que los seres humanos mantengamos ese grado de auto tolerancia.
"Total… "- me
dijo una vez una señora, mientras contemplábamos en un parque las
irritantes pero tontísimas peleas, no exentas de variadas agresiones
innecesarias, entre nuestra progenie - "no hay que meterse, porque
nosotros hacíamos lo mismo cuando éramos pequeños y tampoco hemos salido
tan mal, no?".
“Total”, es que somos
humanos y los humanos siempre hemos sido así, verdad? A santo de qué deberíamos
cambiar? Los grandes visionarios de la justicia y la bondad, los avatares, y
las religiones, ya no están, o ya no cubren las expectativas, no alcanzan
(o nunca alcanzaron) y volvemos a estar solos, arropados y criados por la Bolsa de Valores, las
hipotecas, el consumismo desesperado y todas esas cosas tan comentadas por todos. Vamos, cubriendo carencias con la idea de que para tener trabajo y
comida debemos vivir respirando aires contaminados y comiendo comida que
nuestro cuerpo no ha aprendido todavía a procesar. Criados, formados y
fortalecidos, por los horarios escolares dementes, y las agendas laborales
ineficientes e innecesarias. Y pensamos, que en realidad debemos estar
incluso agradecidos. Incluso, muchos dirigentes, gobernantes y peces gordos, creen que así preservan lo mejor de este mundo para sí mismos. Y tal vez, durante un tiempo les siga funcionando. Pero es posible que este método humano no sea infinitamente aplicable y la alerta debería tenerse en cuenta.
Porque como decía esa mamá en el parque infantil del pueblo, no
hemos salido tan mal, o no? Y nuestros hijos serán tan felices o más, de lo que
hemos sido nosotros, cierto?
Los críticos
"pesimistas", como puede verse a alguien como quien escribe, en estos
temas, no seremos el alma de la fiesta, supongo, pero alguien tiene que hacer
el trabajo sucio. Cada uno que piense lo que quiera, se suele decir.