domingo, 12 de diciembre de 2010

Meditabundeando sobre los escándalos mundiales a raíz de Wikileaks ( meditabundeo 3)

Respecto a lo de wikileaks, todos hemos estado rumiando el tema, el que más o el que menos. Es mitad sorprendente y mitad previsible, si la paradoja es posible. Pero por mas que lo intento, no logro verle el lado puramente malo, a eso de que maniobras, manipulaciones, y chismorreos varios salgan a la luz. Pero eso será tal vez mientras que el chistecito no signifique una inoportuna guerra en la puerta de mi casa, o el cierre del banco en donde pago mis modestos gastos, supongo. Puede pasar. A tí, a mí, a cualquiera. Porque  las sociedades pueden comportarse muy tonta e hipócritamente. Y nos menearán esa amenaza, para que prefiramos mirar para el costado, o no afiliarnos a las hordas de fans que wikileaks tiene hoy por hoy, incluso entre sus supuestos detractores. Aún así, seré mas que obvia y diré que algo así tenía que pasar, y que ya incluso era algo tarde... Ahora es wikileaks, y mañana será una variante .  Y serán unas mas fiables que otras, o mas determinantes que algunas, y sus efectos serán tambíen relativos a donde, cuando y como. Es algo imparable, sea como sea.

 Yo no sé si el mundo está preparado para abrir todas las "cajas de truenos". Pero, ¿a que es un desafío interesante si las cosas que salen o salgan a la luz son veraces ? Porque o sucumbimos a la inoperancia de no poder lidiar con nuestros trapos sucios e hipocresías históricas y permanentes, o a lo mejor, si sobreviven los sistemas a tal terremoto, de pronto tenemos una sociedad mejor en el futuro. O incluso tenemos que pensarnos todos un sistema nuevo, como ya se sospecha que deberíamos, a la luz de la hediondez de nuestra torpe gestión del planeta. Pensando, nomás. Total, soñar o elucubrar, no cuesta nada.

Por otro lado, pronto tendremos respuestas del gran leon del establishment más rancio y y poderoso, y la censura china para con internet, nos parecerá un juego de niños al lado de los controles, restricciones y cobros que en el cercano futuro nos intentaran colar  instituciones, gobiernos y agencias  de variado pelo. Y ahí, se armará otra. Al menos, tenemos cambios interesantes, sorpresas en nuestro futuro, y para como venía la vida en nuestro mundo ultimamente puede que sea lo que venía faltando. A lo mejor, algo bueno sale de la movida. O no. Ya lo veremos. Antes o después. Queda preguntarnos qué papel tendremos todos nosotros, cada uno , desde nuestro ordenador y nuestro  propio "click" lejano.


martes, 16 de noviembre de 2010

Anecdota 3: "la niña que esperaba a su mamá"


Tenía el cabello negro, lacio, y la piel blanca, pálida, en sus rasgos delicados como de pequeña damita. "Mamá, mamá ??" - preguntaba al aire. Estaba oscuro ya, pero su cara brillaba, con un pánico sosegado, como de esos que uno ya conoce, y deja que muerdan por dentro, porque no puede hacerse mucho más. Yo iba en aquel momento, con mi propia hija pequeña, de camino a pedir hora para el médico. Miré distraída al principio, instintivamente, y luego detuve en seco mi paso apresurado . La niña seguía pidiendo por una madre, que yo pensé, simplemente se habría distraído en la esquina. Eso que pasa cuando los niños se rezagan y no quieren dejar el columpio y los padres ya cansados de regatear actúan como que van a dejarlos allí solos si no obedecen . El niño se inquieta, el padre actúa como que no le oye, dura unos minutos si acaso y luego todos marchan con mas o menos lágrimas, pero marchan juntos.
Observé, a ver que pasaba. "Mamá, mama?", volvía a preguntar la criatura, permitiéndose un poco mas de urgencia en la voz. No tenía mas de cinco años, la misma edad de mi hija en aquel momento. Una familia con niños, un poco mas allá, espantada por el rocío, se levanta de los bancos del parque y comienza a alejarse. Otra vez, yo quise creer que ella podría estar con ellos, haciendo tan solo eso de pedir para estarse por un rato más en los juegos. Pero aquellos padres no eran los suyos y luego de vacilar como yo misma, comenzaron a caminar hacia sus propias urgencias y prioridades. Durante un momento nos miramos entre nosotros los adultos, con esa inquietud y esa indignación en la que a veces coincidimos con otros.
No pude evitar, como nos pasaría a mas de uno, el ir a ofrecerle ayuda a la niña que no lloraba, y repetía, con la misma voz, una y otra vez, su desolada pero contenida llamada. Parecía un pajarito, u otro animal, cuando claman por sus madres y por la comida que esperan, con una sonoridad monótona, práctica.
"Como te llamas, tesoro?"
"María – dijo".
"Y tu mamá, no la ves?"
"No. No está. No sé donde está"- continuó, mirándome con aquellos con ojos grandes.
"Mamá de María!"- grité yo a mi vez, varias veces, sintiéndome algo tonta, pero sabiendo que era lo que había que probar de hacer antes que nada más. La cogí de la mano, mientras mi propia hija miraba azorada. Observamos las tres a lo largo y ancho del parque, y miramos atentamente cada una de las esquinas, e incluso en las aceras de enfrente, pero aquello parecía ya vacío de "padres". Unos adolescentes de oscuro, se preparaban discretamente su botellón, con cara de no querer ser observados. Unos hombres con un cierto aire bravucón hacían tiempo en su coche aparcado, con la radio a todo volumen. Y no había nadie más. Ciertamente, si se le sumaba a la estampa el frío que comenzaba a hacer, no era un sitio para dejar a una niñita sola. Esperamos un rato más, sin hablar casi, salvo por un murmullo de cositas dulces casi sin sentido que yo decía para tranquilizar a la niña extraviada. Ella decía que la mamá la había dejado en los columpios, y que iba a volver. Nada más. Quien sabe cuanto hacía de eso, porque mientras esperábamos allí, ya habían pasado mas de cuarenta minutos.
La familia que había marchado antes, volvió entonces sobre sus pasos a preguntar si habíamos encontrado a la señora ausente. Al menos la gente, usualmente, todavía se preocupa cuando sucede algo que involucra la seguridad de un niño. Por un momento es como si ese niño en apuros, fuese nuestro, o fuese nosotros mismos de pequeños, o todo junto a la vez. Es como si todos recordáramos, que habiendo horrores en el mundo como los hay , de todas formas puede que haya pocos momentos mas feos para un pequeño o pequeña, que sentirse solo, indefenso y abandonado en un lugar grande , vacío y oscuro. Y sin saber por qué nuestros padres no están allí ni si volverán a por nosotros. Quienes lamentablemente lo han padecido en carne propia, y lo recuerden o presientan, sabrán aún más lo que es eso.
Yo recuerdo haber sentido la irrefrenable e irracional urgencia de llevarme a aquella niña para mi casa, y criarla junto a mi propia hija, como se habría hecho un par de siglos atrás y sin muchas preguntas, una vez confirmado que no había ninguna madre que volviese. La pulsión era tan fuerte, que me alarmó sobre la visceralidad de el instinto que se nos despierta a algunas madres en situaciones, como digo, que involucren niños . Yo me encontraba, quizás, mas preocupada por la niña de lo que la situación ameritaba, pero era tanta mi indignación, que era como que  si aquel desamparo se me clavase en el cuerpo.
Cruzamos, cogidas de la mano, al único sitio público realmente seguro y cercano, y que a su vez nos permitiera contactar con las autoridades pertinentes en un caso así. Se trataba de los consultorios médicos del servicio público de salud, y que casualmente, contaban con una oficina de los servicios sociales de la comunidad.
Allí, bajo la luz de los focos del establecimiento, la hermosa niña evidenciaba su delgadez, la suciedad de su pelito largo (que aun así llamaba a la caricia), y la mirada de sus ojos, con ese susto quieto que tanto me inquietaba.
Los funcionarios del lugar, tomaron solícitamente los datos que la niña supo dar sobre si misma, e intentaron dar a través de su nombre, con los datos familiares dentro de el servicio nacional de salud. La sentamos y procuramos darle a la situación el aire menos dramático posible, confiando en que su mamá, habría tenido un percance o se habría distraído ( eso pasa a veces, terrible, pero pasa por múltiples razones), intentando creérnoslo nosotros mismos, y que la niña no tuviese demasiado miedo.
Efectivamente, antes de las dos horas, una señora con aire ligeramente compungido y una sonrisa obsequiosa, entró al edificio. Prácticamente cogió a la niña con un gesto tan rápido que las enfermeras no tuvieron tiempo casi de pedirle cuentas ni nada parecido, aunque no supe bien que gestión se podría o debería haber hecho entonces. Di unos pasos rápidos a mi vez, y me crucé en su camino, sin pensar en lo que hacía, tan solo pensando en esa niña y en la mía propia, no se por qué.
" No sé lo que te haya pasado, ni me importa, pero no hay niño en el mundo que merezca quedarse solo y a oscuras en un parque vacío, y que luego la madre venga, como has venido tú, como si nada hubiera pasado, y pareciendo como si fuese lo mas normal del mundo"- dije. Y mientras lo decía, yo sabía que me metía en donde no debía, o no? Y sabía que me discurso era naif, ingenuo, prejuicioso incluso tal vez, pero no pude evitarlo. Le espeté - "Yo la encontré hace casi dos horas, y rompía el corazón, lo tranquilita que intentaba estar tu hija. ¡ Cuídala mejor, mujer, que no hay derecho. Es una niña pequeña. ¡Cuídala, joder ! "- terminé casi gritando. La mujer, cuya reacción yo ignoraba y a la que me arriesgué, optó por sonreírme con una humildad refleja, de esas que se aprende a mostrar para lograr piedad. A continuación y me abrazó dándome las gracias y prometiéndome que no volvería a pasar. Diciéndome que tan solo se había ido a tomar un café y se le había pasado el tiempo.
Quise creerle, pero no pude, porque cuando la madre de la niña me abrazó, me inundó el bochornoso y agrio olor a alcohol que salía de su ropa y de su piel. De mucho alcohol y propio abandono, pese a que no vestía mal en realidad.
Supe entonces, que aquello se repetiría, sino se había repetido ya muchas veces, y que algún día, podría no ser otra madre como yo, u otra familia, la que cogería de la mano a la niña que alguien dejó distraídamente en un columpio, al caer el sol.
Todavía hoy, y aún sabiendo que hay tantas y peores situaciones en el mundo ancho y variado para miles y millones de niños, siento la pena que nos dejó este anécdota. Aquella criatura era una personita buena, inteligente, lo decían sus ojos y sus palabras quedas. Ella lo sabía. Sabía lo que pasaba en su vida, en la de su familia. Tiempo después supimos alguna cosa más sobre otras contingencias similares que les involucraba, archivadas como no, y sobre algún remedo de seguimiento de los servicios sociales. Sobrevivirá, con un poco de suerte. Como tantos otros.
Tengo a mi vez presente la mirada de mi propia hija, confrontada con una realidad que si hay suerte, a los cinco años se ignora. Recuerdo que preguntó poco, porque todo se explicaba solo. Volvimos caminando a casa en silencio, cogidas de la mano con fuerza.
¿Qué más podíamos hacer ?

jueves, 11 de noviembre de 2010

Canción de arena

Ella mira el mar, y no puede dejar de llorar en silencio, quedamente, en privado. Su mayor fortuna, la casita en la arena, con vistas al cielo todo y las majestuosas olas, la retienen allí. Allí perdona y se perdona todo. Se sienta al borde de la tarima de madera de la entrada, con las piernas colgando, y deja fluir luz y oscuridad, entre el atardecer y su corazón prematuramente cansado. En ese lugar hay ocasiones  en que si hay suerte y pone empeño, encuentra la sabiduría para quitarle  dimensión a sus miedos, a sus ambiciones y a sus apegos. Aún así, la sabiduría es esquiva, y  la paz y la conciliación exigen mucho camino hecho. Hoy, la mujer sin maquillaje, se encuentra agitada, y eso la enoja. La brisa del fin de verano, le pica en la piel, y la despeina distraídamente. Si alguien la fotografiase a escondidas, lograría una agradable estampa, de esas que significan cosas diferentes para según quien las mire. Las dunas, la casita, la mujer con el pelo al viento, por un momento sin edad, ninguno de ellos.
Dentro  de la estancia, suena la radio con una canción de aquellas que ella solía escuchar cuando era adolescente y comenzaba a soñar con cantar. Sólo con cantar, y ser feliz cantando frente al público, aunque no llegase nunca a ser famosa. Los acordes la retrotraen a años atrás, muchos, cuando cantar, justamente, y no otra cosa,  era la meta misma. Cuando apenas albergaba alguna pretensión de ser mínimamente  aplaudida o reconocida,  si lo hacía bien, porque eso era lo de menos. Cuando fantaseaba con que su voz o alguna canción suya, podría tal vez ayudar a otras personas, o inspirar a algún decepcionado, o hacer sonreír y bailar a quien le viniese bien. 
 Últimamente hay días en que veces olvida todo lo vivido en los últimos veinte arduos años de subidas y bajadas de  los escenarios  en donde actuó. Olvida lo bueno, y sabe qué no debería hacerlo. Pero más que nada, olvida lo malo, y olvida las subidas y bajadas de su ánimo, de su fe en el arte, en sí misma, y en el amor humano. Solo entonces, cuando todo aquello es barrido al patio de atrás de su mente, ella puede volver a cantar por cantar. Siendo, como antes,  inocente de verdad. Durante esos días, o temporadas incluso, ella  le canta al mar, a las olas, canta para sí misma,  y quizás para algún transeúnte desprevenido  y tan solitario como ella. Vuelve a recordar lo que  es cantarle a todo, incluido  al amor y el desamor, vibrando de emoción,  y a veces de esfuerzo vital y físico también, pero vibrando. Vibrando con la voz, dentro de la voz, como si de un credo personal y profundo se tratase. Algo de eso que a veces no se puede explicar a quien no lo ha vivido. Algo como flotar e ir en la palabra y la nota, ir y volver y volar y caer y expandirse, a riesgo de no considerar ni tan siquiera la belleza de la palabra o la música, sino solo el placer de planear sobre y dentro de ellas. En esos momentos en que vuelve la pureza y la plenitud y la voz se le aclara y las letras de las viejas canciones vuelven a su garganta. Y vuelven a tener sentido.
Se pone de pie, y  canta otra vez. Ríe cantando y canta porque si, por todo lo mencionado y por nada que tenga que ver con la ley del comercio a la que todos hemos reducido antes o después todas las manifestaciones del hombre. Luego de golpe, la voz se le quiebra. Es por el peso de  la ilusión perdida, la frustración inexplicable. Por el extravío de aquella magia que ellá sintió como mancillada por  la industria, por la insídia o por la propia vanidad.  Hasta por su propia vanidad... Impertinentes fantamas que suben desde su interior, y le roban la paz. Sentada a la puerta de la casita azul, rincón donde guarda sus últimas canciones secretas, ella baja la cabeza  añorando los escenarios que ha dejado atrás, los que ha amado y los que ha odiado. Añorando tal vez también, si es del todo sincera  consigo misma,  los aplausos de algunas ocasiones inolvidables, y las butacas semivacías de  las olvidables. Tertulias de madrugada,  de ojos cansados y vibrantes, con los músicos, con amigos, vaso en mano, con el sabor feliz de haber dado todo de sí, otra noche más. Imágenes intensas, que en realidad nunca se han ido.
 Allí en el pequeño porche frente al viento, con los pies en la arena fría, vuelve a esperar  el poder cantar sin que la voz se le quiebre de pena, y de pura contradicción.  Y vuelve a enojarse consigo misma. “Tonta, eres tonta!”- se dice. Se mece y piensa en su familia, en las canciones frente al fuego, en las tardes de coros y guitarras  con sus antiguos compañeros de colegio, en las primeras flores y los primeros aplausos, cuando el mundo era grande y deseable en aquel sentido, y ella se sentía  fuerte, bella y crédula. Intuye  los caminos abandonados, y los caminos con cruces difíciles y  piensa también en el camino empedrado que lleva a su casita en la playa. Mientras, cerca y lejos a la vez, el mar rumorea, inmutable, rítmico, y el móvil de cristales del porche, repica suavemente. Ella vuelve a tararear, y se seca las lágrimas y la autocompasión. Olvida limpiarse la arena de las manos, y se llena los ojos con las incómodas piedritas. Vuelve a reír, de sí misma, de sus cambios de humor, de su madurez  imparable. Intuye como el  tiempo que va pasando y pasando como ese viento y esas olas, mientras ella se marea entre recuerdos y búsquedas y notas tímidas y  esas lágrimas casi infantiles que no puede evitar. Lanza a varios metros  la caracola medio quebrada que había estado sosteniendo casi obsesivamente durante quien sabe cuántos minutos, o tal vez horas. Sigue tarareando al ritmo prestado del cristal y el agua, y la voz se le acumula  por dentro  y vuelve a fluir. Primero poco a poco y luego como un fuego  desbocado. Camina unos pasos hacia el mar, cantando a todo pulmón,  llena de buenos recuerdos, y nuevas fortalezas.   
Pero entonces, algo requiebra su frágil coraza, su lento aprendizaje. Es el viento que cambia momentáneamente de dirección, y le trae carcajadas lejanas de los bares de la costa. Ella  se detiene, y por distintas razones la canción se deshilvana en su lengua, cae por sus brazos, y se le enreda en los pies. Ella tropieza murmurando las últimas notas. La sal de los ojos la devuelve a la tierra, y clavando las manos en la arena mojada, deja que el agua vuelva al agua y que la canción marche de una vez. Muda queda, con los ojos brillantes, y mira como la noche bella pero indiferente va  tomando  metro a metro el mar, la costa y la piel fina y empecinada de su propia alma.

viernes, 22 de octubre de 2010

Estar aquí, estar allá ( meditabundeo 2)


Estar aquí, estar allá. Siempre, siempre, un poco con el alma partida, sin acabar de entender del todo, ni esto, ni aquello. Con amor y amores en todos lados, con réplicas y pretensiones, en cada tierra. Con esperanzas y enojos, un poco por esto, un poco por lo otro. Un pie del pensamiento en el agua, otro en el fuego. Dando las gracias, por haber estado, y haber sido y haber visto, y poder estar, y ser y ver. Esperando poder seguir yendo y viniendo, por amor, porque sí, porque no se puede  hacer otra cosa. Aunque nunca acabemos de entender, por qué nos quisimos ir, por qué no queremos o podemos volver.

El ombú enredado con el Mediterráneo, la nieve con  la arena de Piriápolis. Los bares del "under" de nuestras noches de antaño (y  las tertulias de aquel  Montevideo rebelde y noventero), enlazados con las tardecitas  en catalán, en el parque de una pequeña ciudad  con sus  escolares como los de todas partes, pero sin moña azul. Nuestra juventud, a boca jarro, cuando íbamos con mucho pelo, mucho blues y mucho lápiz negro en los ojos de aquel lado del ancho mar. Los primero intentos, los primeros trabajos, los desvelos de estudiante, que se diluyen en el realismo aplastante del curso de la vida, con la gracia de  la calma y alguna perspectiva  que dan las canas.

Todo aquello de allá, entreverado en el pecho con  nuestro hacernos maduros y padres aquí, bajo el zumbido de las europas, que nos da de comer. El árbol de tilo que nos calmaba la tos, los jacarandás de Carrasco, las sierras,  y palmares y olas con espuma salada  de Rocha,  que se nos cruzan ante los ojos con  los senderos de montaña, el gentío multilingue, y  los  preciosos peces de las calas casi sin olas de este lado del mundo. Cada uno con su belleza, cada uno que muerde y besa en lados distintos, o en el mismo lado. El asado, y la fideuá con alioli ! A veces gana uno, a veces gana el otro. Las luchas en cada sitio, y las de uno consigo mismo, y de uno con el mundo, en cualquier lugar y hora. Cada cosa con su olor.

Pero siempre, siempre  y por suerte, están las sonrisas, están las  cometas, y todas  las cartas. Y están  los nuevos desconocidos y los  pueblos viejos. Los columpios, los  corazones, y  los silencios de cualquier momento.  De todas partes... Porque en todas partes estoy, casi sin querer y queriendo. Con o sin fotografías.  Siempre esperando saber eso que siempre se escapa. Sin dejar de anhelar, bienestar  y justicia para los de todas  las esquinas del camino que vamos recorriendo torpemente. Con nuestro pasito chueco, y voluntarioso, buscando, buscando y repartiendo mal  o bien, lo que sea que llevan nuestros bolsillos de dentro.
Buscando el hilo que nos  de alguna pista sobre el final de la historia.

miércoles, 13 de octubre de 2010

La silla roja ( cuento breve )

“Soy la cara de tu nombre, la cara de tu alma, la cara de tu muerte. Soy, la luz de tus abismos y el manto oscuro de tu  risa”- fue lo primero que dijo. “¡Mírame!” - agregó. Sus ojitos bailaban como los de un duende demente, pero sus cejas y el rictus de su boca eran inquietantemente sabios, ancianos y  tranquilos.
Yo le miré, porque no pude  hacer otra cosa. Cuando  quise salir esta mañana, tan temprano que el rocío mojaba aún las piedras de la entrada, él ya estaba allí. Sentado en una ridícula sillita, pintada de un rojo descascarado. Ridículo - fue lo primero que pensé, y casi inmediatamente, un miedo profundo y alerta, se colocó en mi garganta y en mi corazón. Llevo más de seis horas sin poder moverme  de la escalera de entrada de mi propia casa. Llevo todas esas horas, mirándole, y oyéndole decir esas cosas extrañas, pero que suenan tan definitivas, tan inevitables, que mis huesos han envejecido treinta años en este largo rato. Tengo frío, pero siento todo como de lejos, como si  yo ya no estuviese aquí.
“Soy tus sueños de niño y soy tus pesadillas de adulto” - insiste- “Estoy hecho de mariposas y tierra, y de espuma y madera de sauce. Soy la araña en tu almohada y soy el beso de tu madre. ¡Quiéreme!”- grita ahora. Yo siento una carcajada de esas absurdas, incontenibles, que me sube hasta los dientes. Pero, el miedo me permite mantenerlos juntos  y evitar que la risa ofenda al ente que ha madrugado hoy en mi descuidado jardín.
Me levanté pensando en pedirle disculpas a Silvia, y a prometerle que dejaría de beber, volvería a estudiar, y abandonaría mi mal genio, y mis locas ambiciones. Pero en cambio, estoy inmovilizado bajo el cielo plomizo, sintiendo la textura húmeda y rugosa de las piedras de la escalera  bajo mis pies. ¿Por qué estoy descalzo?
“Bésame”- me dicen los ojos infinitos como juego de espejos, las manitas reposando sobre las rodillas, allí, en la silla roja que reconozco vagamente. “Traigo y llevo  en mi boca todas las pieles que has tocado y todas las bocas y manos que te han tocado a tí. Tengo el gusto del hierro y de la miel. Soy como el agua de lluvia, soy la mordida de aquel perro oscuro. Siénteme…”- sisea risueño.
Detrás de la figura extraña,  los viejos árboles que plantó mi madre hace ya demasiado, se mecen con gran belleza - noto sorprendido. Y más atrás aún, presiento el murmullo de la carretera, ajena, ajena a mí. Quiero estirar los brazos hacia la brisa que se ha levantado, pero una manita rugosa, como madera antigua, caliente como el aliento de una forja  está rodeando mi mano derecha. Pequeños tironcitos, que quiero ignorar. No sé bien por qué, pero estoy llorando. Bajo el último escalón, siento la hierba fresca y comienzo a caminar dejándome llevar. "Tómame"- susurra suavemente, apretando mi mano con la llave de la eternidad.

martes, 28 de septiembre de 2010

Algunas personas me han confesado que lo más difícil a veces, de comenzar un blog, es justamente eso: qué poner al comienzo.Cómo abrir la puerta y cojer confianza para dejarse ir ...
Asi que hoy mismo me tiro al agua y dejo que mis manos me lleven, como se suele decir.

Anécdota 1:
De la vida de mamá a tiempo completo, hay muchas, muchísimas cosas que destacar , y que hacen equilibrio con las menos agraciadas que también las hay. Por no trabajar fuera de casa, mis horarios, aunque están tiránicamente organizados alrededor de los horarios escolares y las actividades extracurriculares, me  permiten pequeños gustos en momentos en que la mayoría de los seres adultos están ya metidos en sus trabajos cumpliendo otro tipo de tiempo completo. Una de las ventajas de esos pequeños momentos de libertad que disponemos las mamás que no trabajan fuera de casa o que lo hacen en horario reducido , es poder, cada tanto, tomar un café y tertuliar tempranito nomás, ni bien entran los niños al colegio. Es una licencia que uno se permite, y que a veces de fuera , como quien no quiere la cosa , se percibe como casi un atrevimiento, como una ruptura leve del orden social. ( ???). Curioso, verdad? En mas de una ocasión, y sin que en ello no haya dosis de simpatía pícara, algún vecino, o vecina, o tendero u otro padre que ya va corriendo ya tarde  a su trabajo, deja caer alguna ironía acerca  nuestro pasito tranquilo mientras charlamos camino a nuestras casas. O se menciona , siempre con una sonrisa, el " como le damos a la lengua", o que "pachorra" tenemos, o como " se nota que no tienen que ir a trabajar". Lo mismo sucede si nos ven charlando esa media horita, máximo una hora, alrededor de un modesto té o café que escrupulosamente pagamos por rondas un día una mamá y que otra pagará en la siguiente ocasión posible.
Hay un guiño cómplice, una leve cuota de envidia tal vez?, y un toque de inquietud  y eso es lo que me llama la atención. Me llama la atención, incluso de quien hace el comentario con cariño. Y  me llama la atención considerando ya  el siglo en que que vivimos y que estamos en esta, nuestra supuesta sociedad occidental y vanguardista.
Es que a algunas personas les inquieta, aunque sea mínimamente, esa salida del esquema que hacen otras personas. En el menor de los casos les  hace sonreir, como quien ve un beso clandestino en una esquina, el ver a unas madres cuarentonas,(ejerciendo su derecho o necesidad de acompasar su ritmo al de sus hijos) tomandose  la obscena libertad de volver a paso tranquilo hacia la vida del hogar y tomarse un respiro , a golpe de risas, charla y café matinal. Inquieta.
Cada casa es un mundo, lo mismo  que cada vida. Y cada opción o necesidad, respetable. Sin embargo, en un tiempo en que nos llenamos la boca con el tema de la libertad de la mujer, y sus logros en el último siglo, una vocesita me advierte, que esa libertad llena de esquemas fijos y estereotipados no es , ni mucho menos, la libertad que merecemos  y desearíamos al menos no TODAS las mujeres. Quedan sombras, pequeñitas, por resolver. No solo quedan  las grandes sombras, de esas mujeres golpeadas o asesinadas, porque se atrevieron a rebelarse contra la opresión en el hogar. Sino también esas pequeñas sombras, como las que sin estar escritas en ningun lado, influyen para que casi sin darse cuenta, la sociedad premie solo las conductas extremas. Aquellas con aire de sacrificio noble y sin réplica. Que si las mujeres querian libertad e independencia económica , que ello sea a golpe de agotamiento y estress permanente. A demostrar, día a día, que se es como una especie de caballo percherón que todo lo aguanta y puede, porque sino, se demostraría que no estabamos capacitadas para salir de la "seguridad " de nuestros hogares... En la actualidad  la mujer que trabaja fuera durante un horario completo, corre hacia un lado y al otro con los hijos a cuestas, los deja en clase, corre a trabajar otra vez, los lleva al club, y vuelve corriendo a su casa .. Luego allí continua su frenesí desbordado y atiende ( lo mejor que pueda segun le quede tiempo y fuerzas) a sus hijos y pareja, si la tiene, y  cocina y limpia su casa  hasta altas horas de la noche. Y todo esto, en muchas ocasiones todavia, sin casi ayuda del resto de la familia. Y eso, a todos nos parece muy, pero muy bien y muy normal y algo que la mujer independiente y trabajadora puede y tal vez merece ? hacer. O haberse, repito, quedado en casa que al final de cuentas  habría trabajado la mitad de lo que trabaja en la actualidad, según se mire. Pero no es ni una cosa  ni la otra, y todavía todos tenemos un trecho para crecer .
Es entonces   este mundo de extremos, de suspicacias risueñas y no tan risueñas,  el mundo en el  que  parecería que bordeen la transgresión social unas mamás de clase media , si  por un momento no corren a sus casas a cumplir INMEDIATAMENTE con lo que les toca si han optado por no trabajar fuera y dentro a la vez. Es este mundo celosillo y todavía chauvinista, el que se inquieta que unas mujeres ya crecidas, se tomen su tiempo para hablar al principio de la mañana. Tal vez, fuera diferente, si al menos estuviesemos moldeando nuestros cuerpos en el gimnasio. Eso sí que  entraría dentro del modelo actual preestablecido socialmente sin palabras para nuestro perfil y edad. !
Al menos a mí,  el asunto me deja pensando. Aun pasando por suspicaz, pero...
Es que...estoy aquí escribiendo y todavía no he ido corriendo a lavar la ropa y preparar la comida del mediodía. SOY UNA LIBERTINA !! : )

sábado, 25 de septiembre de 2010

Presentación y declaración de intenciones : )



Lago de Banyoles (Girona,Cataluña,España). Invierno del 2009.
  
Mas de una vez he intentado aprender a construir de forma descente un blog, pero es algo que se me resiste, aunque pongo empeño.Ultimamente se agregan , por suerte, herramientas que lo ponen más fácil a personas que como yo, quieren componer un entorno de determinada estética, pero que no saben hacerlo técnicamente como desearían ! Poco a poco, confio en poder hacer camino en este formato, aprovechando las nuevas herramientas que hacen que constuir el blog sea mas fácil. Iré "soltando", lo que surja o quiera y pueda  compartir a partir de ahora, sin pretensiones. O, si las hay, con ingenuas pretensiones y mas que nada la voluntad de alivianar el alma de todo eso que que sin aparente destino pugna por salir de  nuestro interior en los momentos mas insospechados. Canciones, fotos, dibujos,  comentarios, cuentos minúsculos, historias inacabadas, inquietudes y material que encuentre interesante y me emocione compartir. Un saludo a quienes estén por allí.