sábado, 30 de abril de 2011

COSAS IMBÉCILES QUE DICEN LAS MUJERES SIN HIJOS A SUS AMIGAS O CONOCIDAS QUE SÍ SON MADRES (lo digo por experiencia)



Nota: la mayoría de las situaciones que intento narrar a continuación, son algo corriente entre mujeres normalitas, de clase trabajadora o como se le quiera llamar. Es evidente que  en el caso de las mujeres de entornos privilegiados y muy pudientes, las historias no siempre son las mismas. Hay otras historias parodiables en sus vidas, pero en cuanto a lo que ocupa esta nota, ellas no suelen ser blanco de preguntas como:

“¿Pero por qué vas así, con calzado deportivo, y sin maquillar? Deberías arreglarte un poco más…” ( aunque, todo puede pasar en cualquier entorno y entre gran variedad de interlocutores, claro está)
Con respecto a esta preguntita con la que abro el planteamiento, he de decir, que muchas  de nosotras  que tuvimos el desatino de hacerlas, nos encontramos algunos años después, siendo víctimas de la misma consulta bienintencionada. Así es la vida…

Cierto es que las mujeres, aunque mas no sea por estar bien con una misma, gustamos de lucir lo mejor posible, casi siempre. Hay excepciones, pero en lo general funciona así. Si no logramos acicalarnos mínimamente, somos concientes de ello (sea dolorosamente o manteniendo la autoestima alta cuando tenemos los recursos internos para ello). Y si hemos llegado al punto de no ser concientes de un desfavorable aspecto externo, es que: o nos hemos propuesto priorizar otras cosas por razones de peso, o simplemente estamos tan superadas por el día a día, que prescindimos de forma automática de lo accesorio y  de aquello que nos sea difícil  de conseguir en nuestra situación y agenda de mamás.
Aunque alguna vez queramos dar una mano a nuestra amiga, vecina o conocida, madre ella, desbordada ella, o tranquila mujer que prioriza como he dicho, intentemos callarnos a tiempo. Y si no lo podemos callar y/o parece de vida o muerte que nuestra amiga mejore su “look”, pues intentemos ser  comprensivas, amables y francamente amigables al tocar el tema. Comprensivas es la palabra clave. De lo contrario, siempre, siempre podremos estar metiendo la pata un buen trecho, y a la vez, lo que hacemos es mostrar nuestro desconocimiento de una parte de la vida. No  solo por usar la confianza para hablar con buena intención pero hiriendo o inquietando  a mas de una, sino por partir de la mas pura IGNORANCIA, acerca de  lo que es ser madre. Hoy en día o desde siempre. Antes era difícil por unas cosas, ahora es difícil por otras cosas. Y entre las otras cosas con las que lidiamos hoy en día, están las prisas permanentes, las agendas apretadas, los niños sobre estimulados, la doble jornada laboral o incluso triple si  también llevas  todas las tareas domésticas sobre tus hombros.
Así que si hemos hecho la preguntita  en su momento, si por casualidad llegamos a sufrir la misma circunstancia  más tarde  en la vida en carne propia, reiremos de nuestra torpeza y total desconocimiento de las opciones que las madres deben tomar a lo largo del día.  
Segundo aviso: tampoco vale comparar con las “doñas perfectas” que siempre las hay, para desesperación de nosotras las demás, pobres mortales que siempre hacemos agua o por un lado o por el otro. Yo solo hablo de las madres normales, trabajadoras normales, dentro o fuera, con uno o más hijos, da igual. Las que siempre estamos corriendo, con algo pendiente, o mucho pendiente, y que  aún a golpe de amor y responsabilidad no llegamos nunca a estar a la altura de nuestras propias expectativas. Esas mamás si somos sinceras admitiremos entonces lo bien que sienta ir con el pie acolchadito, bien calzado en una zapatilla deportiva, sin tacos, sin temer caer, tropezar, con la compra en ristre o lo que es peor con el hijo, o ambas cosas en los brazos! Y lo fácil  y rápido que es (sino trabajas en una oficina )  ponerse el pantalón holgado y el abrigo deportivo, mientras con un pie revolvemos la taza de leche de los niños, y con la nariz preparamos viandas, bajamos al perro, y escribimos la lista de la compra ! ( las dos manos están ocupadas en peinar al pequeño, recoger ropa del suelo, y ponernos  un gorro probablemente ajeno, para disimular que hemos descuidado teñir las raíces de nuestro cabello empecinado en enseñar sus canitas incipientes ). Si ya lo sé, no todas admitiremos que al menos UNA vez nos hemos visto así.

Del mismo estilo del primer comentario o preguntita mencionado hay  otras como:

“Por qué ya casi no se te ve por el gimnasio? ”  (o haciendo natación, o danza, o lo que fuese que antes soliésemos hacer)

Infructuoso sería explicarle a una mujer sin hijos, soltera o no, que las horas del día tienen un límite para su capacidad de albergar actividades, y que a duras penas alcanzan para llegar a tiempo con los niños alimentados, bañados, con los deberes hechos, con  la cita en el  dentista cumplida, y  con minutos para algunos mimos de rigor, antes de que el reloj de las diez de la noche! Las veremos poner caras de indulgencia, de que a ellas no les pasará. Olvidarán que en la realidad que nos rodea existen cosas como  las gripes de repetición, los pequeños accidentes, los dramas con lágrimas de dudoso origen, las quejas  sobre el matón (de metro veinte) del curso o la maestra que se enfadó o el noviecito que no ha estado a la altura. Y cuando les insistes en  que nada de eso espera, mostrarán cara de indignada perplejidad de mujer moderna.  Por ende, querrías advertirles que al tener hijos, lo maridos aprenden a esperar, pero un poco nada más. Ellos también reclaman, de diversas formas,  y por supuesto, hay MENOS HORAS en el día para prestarles atención.  Ellas dicen con una sonrisita que nunca permitirán que eso les pase. Nunca. A ellas no. A nosotras tampoco, pensamos una vez.

También está aquello que se le suele decir a las madres recientes (cuando el bebé tiene entre días y cinco años, como poco):
“ Uy ! te has cortado el pelo.. Te quedaba tan bien largo. No te lo dejaras crecer? Qué pena.”

Hay que haber tenido aunque sea un niño pequeño en casa, para saber lo que pasa con tu pelo. Primero  está el hecho de que el embarazo, que en muchos casos te mantiene la apariencia lozana y el cabello brillante, una vez que sale el niño, te regala entre otras gracias, un pelo quebradizo  e incluso algo de caída capilar en distintos grados según la mujer. Como si eso no fuera suficiente, la preciosa criaturita objeto de tu amor y cuidados, no tardará ni dos días en aprender a cogerse con fuerza de tus fibras capilares y en mas de una ocasión pequeños mechones de tu otrora melena quedara apretada entre sus manitas rosadas y llenas de puré de manzana. O acabaras luciendo  en tu cabello  algo de aspecto pegajoso y olor olvidable, allí colgando, hasta que tu jefe o el panadero te avisen.
En realidad se trata de lo mismo que menciono respecto a la preguntita sobre tu aspecto exterior. El tiempo del que dispongas  correrá al igual que tus atenciones,  normalmente a favor de tu cría y no de tu cuidado personal. Ergo: que es mas fácil de llevar y mantener a diario que un peinado básico de pelo corto? Y allí quedamos, con el pelo corto, llorisqueando para adentro y  diciéndonos durante años (hasta que finalmente  es verdad) que ya no tenemos edad para usar melena de ningún tipo. Para acabar de adobarla, nuestro compañero mencionará con añoranza los tiempos en que “acariciaba tu pelo”, y  tu amiga soltera y sin hijos, que acaba de mencionar lo de tu cabello, atinara o desatinará  haciendo otra de las preguntitas:

“¿Y como es que tu marido y tu salen tan poco?”

Entraríamos en explicaciones sobre el estado de nuestras finanzas  si esa es nuestra realidad, y/o la dificultad de ir y venir a una función de cine o de teatro, en menos de tres horas. Porque tres horas  es lo máximo que le podemos pagar a una persona casi desconocida para que cuide de nuestra progenie mientras no estamos. No hablemos ya de ir a bailar con o sin cena romántica incluida.  Es que no siempre hay un tío o abuelo cerca, o disponibles o con disposición, sabéis? Si somos además muy “mamá gallina” obsesiva, tres horas es también lo máximo que aguantan nuestros nervios y tendencia al control, sin saber como están nuestros hijos. No siempre es el dinero lo único decisivo. Es arduo dejar a tus hijos en manos de otras personas, cercanas o no. Pero es algo que se siente en la carne, en el alma, y le pasa a muchos padres, aunque no a todos.
 Hay que vivir, es cierto. Realmente es verdad que se necesitan momentos de diversión e intimidad, pero si a lo que acabo de mencionar, le agregamos el cansancio arrastrado de cada día (como nos pasa a tantos), alguna otra gripe o esguince en la familia, o función de teatro o cumpleaños de compañeritos de escuela, ya tenemos el contexto perfecto, para que, por enésima vez, esa salida tan ansiada, no se dé. Y encima tienes que aguantar la cara de pena de la amiga que insiste en que CADA FIN DE SEMANA, , ella y su pareja  dedican varias  horas para seguir viviendo la vida animada y marchosa que, se dice, todos deberíamos practicar al menos de vez en cuando.

Podríamos seguir enumerando mas de esas preguntas que se les hace a las madres en más de una ocasión, pero creo que el punto ya está zanjado. Además, hay miles de variaciones de este tipo de situación, que desde cierto punto de vista, son bastante risibles y anecdóticas. Ponen en evidencia todo lo que el refranero popular sabe desde siempre, aquello de “de esta agua no he de beber (…)”, “no escupas para arriba porque (…)”, y “nunca digas nunca”, y otros tantos que ahora olvido. Nos hace pensar también en que las distintas épocas traen nuevas bromas de la vida, y en algún sentido las madres que ahora contamos con muchas ventajas (en comparación con nuestras abuelas), debemos ver que problemas reales son otros. Que tenemos bastante suerte en más de un sentido y que hay que tomárselo con más tranquilidad y más humor.
Pero, de la misma forma, aquellos a los que no les ha tocado o que han vivido al margen de  estos temas  por voluntad propia, deberían dejar un margen dentro de sí para la empatía, la imaginación y la simpatía bien entendidos. Tal vez  durante la vida de “soltero” o sin hijos, de alguna manera todos deberíamos ser formados y advertidos sobre lo que implica ser padre, lo que hay que prever, y todo lo imprevisible que pasará. ¡Porque pasará! Es solo una opinión, y dicha con una sonrisa de las buenas, porque yo misma fui una vez la mujer joven  que se atrevió a cuestionar a alguna mamá amiga  acerca de por qué ella se pasaba con el pelo mal peinado en una cola, con dolor de espalda y dejando sus ocupaciones artísticas y laborales de lado durante tanto tiempo. Es la pura verdad.

Por cierto, hace una semana me encontré con una ex compañera de facultad, que pese a superar ampliamente los cuarenta años, lucía como de treinta. Súper peinada iba  ella, sin canas a la vista, con tacones de vértigo y un aire de merecerse todo lo mejor de la vida. Yo iba a buscar los niños al colegio, ella iba a una reunión ejecutiva en un canal de la televisión de la capital. Me miró con franca simpatía, todo se ha de decir, y conversamos afablemente durante un rato.  Ella no dijo nada, y casi se le pudo notar como se aguantó de soltarme alguna de las preguntitas. Yo supe ver que había optado y le dolía no haber tenido hijos, y ninguna dijo nada al respecto.

Al día siguiente, con una mezcla de orgullo y sentimientos confusos por lo feliz que me hace la maternidad y la rabia que   a veces  me da no poder volver a ser la de antes, me fui a la peluquería. Luego  reventé el saldo de la tarjeta de crédito, comprándome unos zapatos  elegantes que sé que no usaré al menos en lo que queda de esta década (salvo que se case mi sobrino el solterón). Solo por si acaso. Es que, ser mujer es complicado. A que sí?

Sabadell, abril 2011



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